La suma de todos los males.


A un año de la crisis financiera y con los efectos aún sin llegar a su peor nivel, el nuevo presidente de los Estados Unidos cierra tratos con los lobbies comerciales para rescatarlos de la recesión de créditos, mientras las entidades financieras, sabiéndose protegidas, comienzan al unísono una férrea propaganda para promover el consumo de deuda del público. La deuda se vende, una vez más, como la panacea a los efectos de la crisis y se desprestigia a los individuos cuidadosos y autosuficientes; así mismo, se fomenta la idea de que cualquier intento de ir contra la corriente del endeudamiento desencadenaría consecuencias devastadoras para las economías internacionales.

A principios del 2008 nos dieron a conocer una noticia que a la mayoría de las personas de a pie no les interesó, o por lo menos no les conmovió: la industria inmobiliaria en Estados Unidos, donde miles de empresas internacionales grandes y pequeñas tenían invertidas cuantiosas cantidades de capital, se estaba desmoronando dentro de su propia burbuja financiera. Las cuentas eran insaldables, los activos, riesgosos, y el aparato productivo especulaba descaradamente con los insumos para obtener ganancias rápidas pero sin sustento. Cuando toda la comunidad comenzó a pagar hipotecas basura con total facilidad y ventajas impensables en otros tiempos, se paró bruscamente la cadena de comercialización que se alimentaba de la deuda del consumidor, y que era la que propiciaba que el sistema bancario siguiera funcionando. Cuando suceden cosas extrañas en las industrias, los consumidores, con natural sospecha aunque algo prejuiciosos, se preguntan: «¡Momento! Aquí sucede algo extraño». Y, en términos industriales, cuando sucede algo extraño, el dueño del dinero se vuelve desconfiado. Después de la desconfianza vino el Efecto pobreza, en que el público consumista cree que tiene menos dinero del que realmente tiene, y a pesar de las duras campañas de inmobiliarias, bancos, tiendas departamentales y agencias automotrices, la mayoría de ellas diciendo explícitamente «¡Endéudese, endéudese!», no se consiguió reactivar el mercado financiero provocando una avalancha imparable.

Pero, ¿vale la pena, realmente, buscar culpables para ésta situación? Las noticias de la presente crisis no son nuevas; al contrario: vienen gritándose a los cuatro vientos desde el 2004. Alan Greenspan, ex presidente del Tesoro, ya lo había vaticinado en el 2005, y la mayoría de las secretarías y departamentos de gestión comercial y económica de casi todos los países del mundo lo aseguraron a principios del 2007. Pero somos sordos y ciegos cuando de juzgar a nuestras bolsas se trata. Por lo tanto, buscar culpables sería como la discusión del huevo y la gallina. Los banqueros y especuladores son tan viejos como la historia misma, y la necesidad intrínseca del hombre de gastar más de lo que tiene, también lo es. El banquero engañó e hizo mal uso de los capitales para descontrolar el mercado, pero nosotros se lo permitimos. Por otra parte, nosotros nos endeudamos gustosamente, pues es una maravilla cuando una persona te dice que por una parte de tu capital, puedes disponer del cuádruplo de lo que tendrás en tu cuenta e inclusive ganar privilegios ante otros cuenta habientes. ¿Cuántos de nosotros no usamos una tarjeta de crédito para pagar los intereses de otras cuatro? Entonces, ¿qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?

Hace un par de meses Barack Obama rindió tributo en Wall Street a los verdaderos jefes de estado de la Unión Americana, y dejó bien plantado que siempre que lo requiera, el gobierno de los Estados Unidos saldrá en rescate de los inversionistas en pro de la defensa de los consumidores, falacia total como ninguna otra. Estados Unidos y su aparato propagandístico nos han hecho creer, durante generaciones, que la deuda es un instrumento vital para la vida civilizada pues, los personajes más influyentes de Norteamérica han sido, son y seguirán siendo industriales capitalistas beneficiarios de la especulación. Así mismo, con la anterior declaración, el nuevo presidente de los Estados Unidos ha dejado bien zanjado que dicho país no cambiará su modelo económico, sino que seguirá apostando por el pasotismo vigilado ante los lobbies comerciales, el sistema financiero como aparato regulador de mercados y el endeudamiento de toda persona o comunidad con potencial de consumo.

La semana pasada estaba platicando con una amiga que me decía: «Escribiré una carta a Obama para que sepa que yo estoy con él», y afirmaba que el simple hecho de haber derrotado a los republicanos en las elecciones era un gran paso para superar la crisis interna en Norteamérica. Sin embargo, yo creo lo contrario: el mero hecho de que, un presidente como Obama, de quien se esperarían cambios vertiginosos viendo lo vertiginoso de su colocación, haya pactado en primera instancia con los centros de poder comerciales y les haya brindado proteccionismo es una confirmación de la costumbre del poder, el pabellón imperial que los yanquis se niegan a abandonar aún cuando el sistema financiero esté colapsando por culpa de la especulación desmedida y cuyas consecuencias está pagando el propio pueblo.

La mercadotecnia brutal con que los entes financieros nos han bombardeado durante décadas tiene tal efecto hoy que, un gran porcentaje de la población mundial vive de las deudas: depende de las deudas para alimentarse, para vestir, para trasladarse, para entretenerse, para ser productivo, para ser sociable, etc. El crédito siempre ha sido una herramienta útil, sobre todo para grandes empresas o súbitos imprevistos, y fue vital para Occidente en los tiempos de la Guerra Fría, pero en la actualidad se ha convertido en el vía crucis de seis de cada diez personas. Han surgido nuevas enfermedades relacionadas con el crédito que jamás habríamos imaginado, como la adicción a las compras y el estrés de los morosos.

Solo una vez he estado endeudado y fue en una tienda departamental por una cantidad risoria; y he de decir que es una de las decisiones de las que más me he arrepentido, y no porque se me haya complicado la vida, sino por lo surrealista que resulta el medio de vida sustentado por la deuda. Fue un calvario con todas las letras, desde la cantidad final que pague hasta el acoso ejercido por empresas contratadas para acosar, que me llamaban cuatro o cinco veces a casa de mis padres para que fuera a pagar inmediatamente. ¿Cómo es posible que las empresas crediticias operen con tan deplorables políticas de cobranza, y los consumidores pensemos, ingenuamente, que es lo normal?

Después de mi experiencia con el crédito decidí jamás volver a endeudarme, a menos que fuese absolutamente necesario. Tengo un coche seminuevo con algo de kilometraje que le compré a mi suegro, los muebles necesarios que me compré con ahorros o a base de la eliminación de algunos lujos, mi computadora se la compré a un amigo y, si algo me falta, no me lo compro con deuda. Prefiero ahorrar unos cuantos pesos al mes y sacrificarme con tal de no ver asediada mi privacidad y la tranquilidad de mi familia. La deuda no es necesaria como los banqueros nos hacen creer, y una sociedad que tiende al progreso, algo de lo que tanto nos gusta mofarnos a los occidentales, no debería vivir de la esclavitud de la deuda. Pero al mercado financiero no le conviene que pensemos de esa manera; eso sería malo, destructivo y antinatural.

Barack Obama nos deja bastante claro que las tendencias de la economía no cambiarán. Estados Unidos seguirá endeudándose, y por tanto los que dependemos del dólar seguiremos atados a sus altibajos. Y mientras nosotros pagamos los platos rotos, los culpables de la especulación irresponsable estarán blindados de los efectos de la crisis gracias a un plan de salvamento que los ciudadanos americanos pagarán con la finalidad de que las instituciones crediticias tengan con qué prestar a los cuentahabientes y no se rompa la gran cadena del endeudamiento. Una vez paliados los efectos de la volátil situación, la mayoría de nosotros estará más endeudada de lo que estuvo anteriormente, los banqueros no nos deberán ningún centavo y deberemos agradecerles por habernos salvado de una crisis desastrosa de la que difícilmente hubiéramos salido de no haber sido por su pronta ayuda. Y los gobiernos seguirán cobijando a entidades comerciales que jugarán a las cartas con las fuerzas productivas de un modelo económico que ha fracasado una y otra vez, y cuya omisión desataría efectos similares a los relatados en el Apocalipsis de la Biblia.

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8 Responses to La suma de todos los males.

  1. Natxo dice:

    La idea de que la deuda no es necesaria… es revolucionaria, camarada XDD
    Sin embargo luego votas en México a los poderes fácticos. “En la cárcel ¿y con miedo?”, diría mi padre.

    Sin embargo, para la construcción del coche, de los muebles, de todo lo que has adquirido sin endeudarte, ha intervenido el crédito, el dinero inexistente (y todo ello es simbólico, flipa. Digno de estudio antropológico, Trust, el libro más importante de Fukuyama). En el actual sistema de relaciones económicas, sí. Habría que cambiar el sistema productivo por completo, siendo el capital productivo el principal. Pero el ritmo económico decaería, los controles deberían de ser enormes, y a eso no están dispuestos ni los oligarcas ni la mayoría de adictos al consumo que comentas.

    Una cosa, no estoy de acuerdo en la ‘necesidad intrinseca’ a comprar más de lo que se tiene. Primero, comprar no es algo intrinseco al hombre. Y segundo, el consumo tampoco es inherente, hay pueblos que desarrollan un autocontrol enorme sobre unos recursos finitos. Y es a lo que inevitablemente tenemos que ir.
    Un saludo.

    • giliathluin dice:

      Natxo:

      De acuerdo: no es intrínseco. Pero sí está implícito el sentido del financiamiento, directo o indirecto, en la vida de la gran mayoría de las culturas desde que nacieron las primeras ciudades. No existía el autofinanciamiento porque el único que tenía derecho a ello era la figura monárquica, y el pueblo que financiaba a su real persona pasaba a convertirse en esclavo de manera incondicional. Por ello me aventuré a tildar de “intrínseca” la necesidad del hombre a endeudarse.

      Desde los primeros atenienses sofistas, el hombre aprendió a envidiar un modelo individualista que permitía a cada uno elevarse por encima de sus otros iguales… y de esa manera nació un individualismo netamente europeo. ¡Vaya! Qué simple, ¿no? Simple pero cierto. Hoy en día seguimos viviendo la misma vida que nos enseñó el primer individualismo de Sócrates, endeudándonos y endeudando a otros para equilibrar la empinada balanza de la economía financiera.

      Aunque estoy en desacuerdo contigo: el endeudamiento de la producción pronosticada de cierto mercado no es problemático, siempre y cuando no se financie también lo no pronósticado, como es el caso de la venta de acciones por producciones futuras que terminó en el colapso de los derivados. La producción necesaria para satisfacer mercados globales es monstruosa, y sin deuda estaría el prácticamente delimitado a microzonas de consumo. El endeudamiento promueve la participación global y multinacional, y estoy en parte de acuerdo con ello; pero estoy en desacuerdo total cuando el endeudamiento se basa en mera especulación de negocios para inflar cifras inexistentes con la cobertura de garantías. Y estoy conciente de que el “Si tienes la capacidad de pagar, endéudate” es una mentira: si ten endeudas es porque, definitivamente, no tienes la capacidad de pagar.

      No estoy peleado con la deuda, sino con los medios de financiamiento y los financiados que descontrolan un mercado bastante útil: una cuenta vencida no provoca ningún daño, pero una cartera vencida es nociva para un estado capitalista.

  2. jm4847 dice:

    Así es, la deuda no nos conviene. Debemos hacer lo que es mejor para nosotros.

    • giliathluin dice:

      Pepe:

      Yo siempre he vivido con la máxima “Si quieres tener una calle muy limpia, barre tu pedazo”. El endeudamiento irresponsable es dañino y trato de que, las personas más allegadas a mí lo comprendan. El pueblo no cambiará un sistema al que está impuesto desde quinientos años hace, no de la noche a la mañana. Lo mejor que podemos hacer es no endeudarnos nosotros y así evitar ser arrastrados por la avalancha de los colapsos financieros. El costo de la producción de los insumos no incluye los desfases de créditos ni el interés compuesto.

  3. rox dice:

    Estoy de acuerdo contigo endeudarse es gastar dinero que aun no tienes y no sabras si lo obtendras.

    atte: lic. Roxana.

    • giliathluin dice:

      Posteado en OcioZero:

      …y simplemente agregar: como consejo, basado en la poca experiencia qe he tenido con el crédito, les digo qe no tomen deudas, ninguna, y en especial durante esta crisis, en las qe se les apliqe una tasa de interés compuesto. No se el caso de España, pero acá en México hay algunas tiendas departamentales qe operan con tasas de interés simple, en donde es cómodo atrasarse hasta un par de meses, con los precios ligeramente altos y sin ningún tipo de promociones como “Lléveselo a 12 meses sin intereses”. Hay qe ser sinceros: todos, alguna vez, nos atrasamos con un pago, y eso en ciertas cadenas de endeudamiento es un infierno hasta para alguien con suficientes recursos, sobre todo si dicha cadena es de una empresa extranjera, qe tienenm oportunidades de proceder legalmente con mayor prontitud y sin menos trabas gubernamentales.

      …hay un ente comercial acá en mi país muy reconocido por tener un 85% de clientes morosos: se llama Elektra, una tienda qe se dedica a la venta de muebles y línea blanca. Una vez qise comprar un comedor; llevaba mi dinero y pensaba pagarlo al contado, pero el encargado de piso qería, por todos los medios, convencerme de aceptar una promoción de 12 meses sin intereses. Lógicamente me negué. De ahí paso a ofrecerme todo tipo de promociones, hasta una en la qe podía pagar en 8 semanas. Pues eso… qe casi me vomito por el descaro con qe operan algunas tiendas para endeudar a toda persona endeudable. Bien dice el dicho: “Pájaro de mal agüero, pronto enseña el plumero”. Y ahora, en auge de la crisis, todos echamos la culpa a la mala gestión política cuando estoy seguro de qe el individuo qe llegó detrás de mí a comprar ese comedor, aceptó la deuda qe a mí me ofrecían y salió con aire triunfante de la tienda.

  4. Edgar dice:

    Si en efecto concuerdo tienes toda la razon, pero es una prespectiva un poco desmesurada si me permite decirlo, ya que si bien la mayor parte de la población y en acendencia adquiere estos productos masivos no por ellos sino por el bienestar de su familia, la cual es un riesgo que cualquiera correria por un bienestar en el presente sin importar el futuro, esa valentia de endeudarse sin tener los medios para cubrir los posibles daños,hablo de esos peqeños artilugios (wii,iphone,psp,joyas,salas,comedores de rocallosa)que si bien son lujos representa un status en la socieda tan mal educada que hemos ayudado a crear.

    yo desconocia la existencia de cocodrilos llamados lacoste, de ropa con nombre de combustible Diesel, de perfume con nombres de artistas ke para nada capturan su esencia, pero cuando los conoci y supe ke no lo tenia me senti desnudo….

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