Historia de un alemán estigmatizado


Infancia y juventud

Albert Günther, de origen alemán, fue el quinto hijo de un funcionario del imperio que se desempeñó como Comisario de África del Sudeste y Cónsul General en Haití. Nació en marzo de 1895 en una familia de buena posición que estaba emparentada o ligada políticamente con personajes prominentes del gobierno. Su padre provenía de una familia de judíos suizos convertidos al cristianismo y su madre de una familia rural de Bavaria. Entre los parientes de Albert podían contarse a los Condes de Zeppelin, a la familia Merck, dueños del gigante farmacéutico, a los historiadores Herman Grimm y Jacob Burckhardt y el escritor Gertrud von Le Fort. La familia de Albert tenía una vida aristocrática gracias a la herencia que en muerte les dejó su patriarca judío el Ritter Hermann von Epenstein, que incluía los castillos de Veldenstein y Mauterndorff.

Hermann von Epenstein, de profesión físico y un influyente agente de los Hohenzollern, fue un pilar fundamental para Albert y sus hermanos ya que, la mayoría del tiempo, su padre se encontraba fuera del país en misiones diplomáticas. Sus hermanos fueron Olga Theresa, Karl Ernst, Paula Elisabeth y, el mayor de todos, Hermann Wilhelm, quien llegaría a ser un afamado político y militar en la Alemania de los 40’s. Eran estos los componentes de la infancia de Albert Günther Göring, hermano del Jerarca Nazi y Comandante Supremo de la Luftwaffe Hermann Wilhelm Göring.

Albert estuvo muy influenciado por su padrino, von Epenstein, quien era un hombre de mundo, de carácter jovial y porte aristocrático. Se rodeó prontamente de los círculos más selectivos y fue miembro de hermandades y sociedades civiles y empresariales. Al contrario de su hermano, que desde su juventud destacó como piloto de la aviación alemana, Albert se dedicó a ser empresario, a la tertulia, las charlas y las artes. En 1932 comenzó con una serie de cortometrajes sobre la caída del Imperio Alemán y la biografía de Guillermo II, pero ante el ascenso de los nazis en el gobierno tuvo que abandonar tales prácticas por considerarse socialistas.

Actividad antinazi

Y así fue como comenzó una vida llena de activismo y sabotaje contra el régimen del cual su hermano mayor era miembro prominente. En 1933 se unió a la protesta aristocrática ante el cierre de la Bauhaus y en el mismo año apoyó a una delegación de mujeres judías que fueron forzadas a lavar las banquetas. El oficial de las SS a cargo lo detuvo, pero al reconocer su nombre en su identificación, no queriendo ser el culpable de la humillación pública del hermano de Hermann Göring, lo dejó libre e hizo detener la limpieza de las banquetas. Muchas fueron sus intervenciones en que salvó de la prisión, de la humillación o de la muerte a varias personas, lo que le valió la persecución y la hostilidad del partido, negándosele sus dietas, a las que tenía derecho por ser familiar de un alto mando del partido, y a los trabajos en la esfera del NSDAP, que eran los mejor pagados. Sus rabietas y caprichos eran tolerables aún para la SA y la Gestapo, que de cualquier manera no se mostraban interesados en atrapar a personas sin importancia, y si la importancia la tenían, terminaban hostigándolos fuera de la influencia de Albert. Sin embargo, en 1938, caería la gota que derramaría el vaso.

Ese año fue en que, por medio de la Anchluss Österreichs, los nazis anexionaron Austria a Alemania. Una de las primeras empresas en expropiarse fue la Tobis-Sascha-Filmindustrie, la compañía cinematográfica más grande de Austria. El presidente de la empresa, Oskar Pilzer, fue detenido en Enero y entregado a la Gestapo debido a su ascendencia judía. Pilzer había sido jefe y maestro de Albert durante su corta carrera como cineasta, por lo que aún los unían lazos de amistad. El alemán le ayudó, en marzo, a escapar de la agencia consiguiéndole una identificación falsa, lo hizo pasar como migrante francés y lo sacó de Alemania. Albert iba demasiado lejos en sus rebeldías, cosa que no se toleraba ni siquiera a los funcionarios del Reich; mucho menos a los familiares. Lutze, siguiendo órdenes de Hitler, lo apresó dos meses después y lo encerró en la Prisión de Viena. Iba a ser enviado al campo de concentración de Mauthausen, pero su hermano Hermann intervino en su favor. Aprovechando su experiencia como empresario e industrial, se le nombró director de exportaciones de Skodovy Zádovy (división de ensamblaje de Skoda), en Checoslovaquia, para alejarlo del escenario alemán en donde no tuviera partidarios y no causara daño.

Mas estos intentos por sacarlo de la jugada resultaban infructuosos. En el Este, el más joven de los Göring se volvería aún más radical. Desde su llegada hizo todo lo que estuvo en sus manos para sabotear la maquinaria del Reich, fabricando vehículos defectuosos, retrasando o desviando pedidos, y entregándolos incompletos. Además, en Checoslovaquia, se puso en contacto con la resistencia que encabezaba Edvard Bénes. Existen anécdotas que nos cuentan de Albert que llegó a falsificar la firma de su hermano en varias ocasiones para liberar a disidentes o conmutarles la pena de muerte; que enviaba camiones al campo de concentración de Theresienstadt demandando mano de obra forzada para después, ya alejados de los presidios, soltarlos en algún paraje solitario; obtenía documentos oficiales para sus trabajadores judíos haciéndolos pasar por checos; facilitaba a la resistencia planos y especificaciones de los vehículos que fabricaba, así como productos de subsistencia que asignaba a las plantas en exceso, también con la firma de Hermann.

Después de la Segunda Guerra

En mayo de 1945, el Reich termina de desmoronarse. Una tras otra fueron liberadas las naciones que permanecían bajo el yugo alemán. Todos los alemanes fueron expulsados de Checoslovaquia, incluyendo a Albert Göring, que primero fue detenido por los checoslovacos pero, tan pronto como se hizo del conocimiento su participación con la resistencia, fue puesto en libertad. Luego fue llamado por las autoridades de la Ocupación Aliada en Alemania para ser juzgado en Nuremberg. Acudió, primero, al Juicio de Oswald Pohl, en el que no se le dio condena alguna por falta de pruebas, pero fue llamado de nuevo al Juicio de IG Farben, donde aportó numerosos testimonios a favor –entre ellos una lista con 34 judíos a los que ayudó a escapar de la Gestapo, de las SS y de campos de concentración -y se le absolvió. Aún así, se le encontró culpable de obtener una ganancia de 7.000 Reichmarks en las fábricas de Skoda con mano de obra esclavizada y, de la cual, no pudo aportar pruebas a su favor. Se le hizo cumplir una condena de dos años en la Prisión Estatal de Berlín, de donde salió en noviembre de 1947 para encontrarse con que los bienes y pensiones de la familia Göring habían sido confiscados y entregados al régimen de la Alemania Federal.

Todo este cúmulo de experiencias provocó un derrumbe en Albert, que se dio al descuido y la bebida. Por más que intentaba, jamás pudo conseguir un trabajo decente en la nueva Alemania Occidental, pues su apellido demostró tener mucho más peso que sus acciones. De vez en cuando encontró trabajo como escritor, dibujante o traductor, pero siempre esporádico y muy mal pagado. A pesar de los consejos de su viejo amigo Ernst Kassler, Albert siempre se resistió a cambiarse el nombre. Argumentaba que aún sin el apellido, los Göring eran bien reconocidos en Alemania, Austria y Suiza, sin tener que presentarse. En 1952, el gobierno alemán le concedió, por edad avanzada y desempleo, una pensión de 82 Deutschemarks mensuales, que equivalían a unos 95 dólares actuales en un país que aún no se recuperaba de los desastres económicos de la guerra. Desde entonces, hasta abril de 1966, Albert vivió en un departamento viejo y arruinado en el centro de Berlín, con una casera del viejo edificio como única compañía. La mujer le traía alcohol y comida del mercado, quedándose con el cambio para poder subsistir ella también. Pocos días antes de la muerte de Albert, ambos contrajeron matrimonio civil para que, a su muerte, la casera pudiera disponer de la pensión que el gobierno le otorgaba.

Albert Göring, caballero de Alemania, aristócrata y activista antinazi, hijo del Comisario de África del Sudoeste, ahijado del caballero Hermann von Epenstein, hermano del Mariscal del Reich Hermann Göring, primo y sobrino de los más influyentes personajes alemanes de fines del siglo XIX, moriría en Berlín, una noche de abril de 1966 en la más absoluta miseria, el más triste de los olvidos y el más patético heroísmo, acompañado tan sólo de una botella de ginebra y la casera que le ayudaba a soportar las penas de una vida injusta y atroz.

Fuentes

James Wyllie. «The Warlord and the Renegade»

William Hastings Burke. «Thirty four»

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4 respuestas a Historia de un alemán estigmatizado

  1. Fingor dice:

    Gran historia. Siempre es bueno divulgar las vidas de estos héroes más o menos desconocidos y que gocen al menos de una infinitésima parte del reconocimiento que merecen.

    • giliathluin dice:

      ¡Qué tal, Fingor! Un placer tenerte de curioso por aquí, y gracias por dejar el comentario.

      Con respecto a lo que dices, está claro. Uno nunca debe dejar de homenajear las acciones valientes, sobre todo de aquellos que, aparte de ser fuerte, fueron contra la corriente. Lo que me empujó a redactar el artículo es la escasés de información sobre Albert Göring en castellano. No podía tolerar tal situación.

  2. enfermisisisimo dice:

    es lo maximo el corridon alterado, podrias poner mas fotos de bazookas, pecheras y botas militares sale?

  3. Rosmery Vallejos Zenteno dice:

    quisiera saber si es cierto el comentario que escuche acerca de que un estigmatizado muere a los 33 años.

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