Pisístrato, el tirano de Atenas

febrero 13, 2013

Hoy deseo compartirles esta muy buena historia, acerca de un personaje que llegó a ser muy lamentable, muy ruin y bastante ambicioso en su carrera por el poder. Y que, a pesar de todo ello, logró convertirse en uno de los mejores estadistas de la Historia. Disfrútenla y encuentren paralelismos con los tiempos actuales. No tiene pérdida.

Fragmento tomado de la obra de Indro Montanelli, Historia de los Griegos

Capítulo XV – Pisístrato

Pisistrato

La democracia que Solón había introducido en Atenas se había articulado en tres partidos, cuyas luchas pronto demostraron cuan difícil es practicarla. Había el de la «Llanura», conservador, o sea de derechas, donde iban a parar los latifundistas eupátridas, o sea aristócratas. El de la «Costa», porque estaba dominado por los ricos mercaderes y armadores y agrupaba la pequeña y alta burguesía. Y por fin, había el partido de la «Montaña», o sea del proletariado urbano y campesino.

Un día el jefe de estos últimos se presentó en el Areópago, alzó un pico de su toga, mostró una herida a los circunstantes diciendo que los enemigos del pueblo se la habían infligido con el propósito de asesinarle, y pidió que se le permitiera contratar una banda de cincuenta hombres armados para defenderse. La pretensión era revolucionaria, pues en aquella ciudad sin ejército permanente ni fuerzas de policía, la ley prohibía a todos tener una guardia de corps privada, con las que hubiera sido fácil a cualquiera imponerse sobre un pueblo inerme.

Fue llamado Solón, quien acudió. A pesar de ser viejo, comprendió en seguida de lo que se trataba y previno a los circunstantes: «Escuchadme bien, atenienses: yo soy más sabio que muchos de vosotros, y más valeroso que muchos otros. Soy más sabio que los que no ven la malicia de este hombre y sus fines ocultos; y más valeroso que los que, aun viéndola, fingen no verla por evitarse líos y vivir en paz.» Y, notando que no le hacían caso, añadió, indignado: «Siempre sois iguales; cada uno de vosotros, individualmente, obra con la astucia de una zorra. Pero colectivamente sois una bandada de gansos.»

Al gran anciano, que veía en peligro toda su reforma, le era fácil comprender los planes de aquel tribuno, que se llamaba Pisístrato. Pues éste era primo suyo, y Solón había aprendido a medirle, desde pequeño, la sagacidad, la ambición y la falta de escrúpulos. Desgraciadamente, además de la «Montaña», Solón tenía también en contra la «Llanura», dominada por aquellos aristócratas retrógrados y santurrones a los que él había suprimido el monopolio del poder. Apesadumbrado y desilusionado, se encerró en su casa, atrancando la puerta en la que colgó, como se usaba entonces, las armas y el escudo, para significar que se retiraba de la política.

También Pisístrato era aristócrata y de familia rica. Pero había comprendido que la democracia, una vez instaurada, es irreversible y va siempre hacia la izquierda. Por lo que hacía tiempo que cifraba sus ambiciones en el proletariado, habiéndose puesto al frente de él con ese espíritu demagógico y ese cinismo que es lo que precisamente prefiere el proletariado. Su petición fue aprobada. Pisístrato, en vez de cincuenta hombres, enroló y armó a cuatrocientos, se adueñó de la Acrópolis, y proclamó la dictadura. En nombre y para bien del pueblo, claro está, como todas las dictaduras. La «Costa», o sea las clases burguesas, que hasta aquel momento le habían apoyado, se asustaron, se coaligaron con la «Llanura», derribaron al tirano y le obligaron a huir. Pero Pisístrato volvió pronto al ataque.

Heródoto cuenta que un día del año 550, se presentó a las puertas de la capital un imponente carro con guirnaldas de flores, en el cual sentábase majestuosamente una bellísima mujer con las armas y el escudo de Palas Atenea, protectora de la ciudad. Naturalmente, la acogieron con aplausos y hosannas. Y cuando los heraldos que precedían al vehículo anunciaron que la diosa había venido personalmente para restaurar a Pisístrato, el pueblo se inclinó. Y Pisístrato compareció al frente de sus hombres que habían permanecido ocultos entre el cortejo. ¿Fue la rabia de haberse dejado engañar con una estratagema tan burda lo que impelió a los burgueses de la «Costa», a coaligarse con los barones de la «Llanura» contra el dictador de ascendencia aristocrática, pero de ideas progresistas? No se sabe. Sábese solamente que la coalición se hizo y se llevó la mejor parte, volviendo a arrojar al exilio a Pisístrato. Pero éste no era hombre para aceptar la derrota.

Tres años después del segundo derrocamiento, o sea en 546, hele aquí de nuevo con sus hombres a las puertas de una ciudad que, evidentemente, no había encontrado de su gusto la restauración del antiguo régimen y que se las abrió sin resistencia. Pisístrato volvió a ser dictador, y siguió siéndolo, casi sin molestias, durante diecinueve años, o sea hasta su muerte.

Atenas

Este curioso y complejo personaje parece creado aposta por la Historia para confundir las ideas a todos aquellos que creen tenerlas clarísimas y que, basándose en ellas, han decidido que la democracia es siempre una fortuna, y que la dictadura es siempre una desgracia. Apenas se lo volvieron a encontrar encima, todos sus enemigos —que seguían siendo muchos— temblaron ante la idea de una purga. En cambio, Pisístrato, que durante la lucha había sabido dar la cara, en la victoria derrochó generosidad. Se desembarazó rápidamente, confinándoles, tan sólo de aquellos que se encarnizaban en una aversión irreductible; mas para los demás hubo indulgencia plenaria. Todos esperaban que modificase la Constitución de Solón para dar una base jurídica al propio poder personal; y, en cambio, los retoques fueron escasos y superficiales.

Nada de régimen policial, nada de denuncias, nada de «leyes especiales», nada de «culto de la personalidad». Pisístrato quiso elecciones libres, aceptó a los arcontes que el voto popular designó y se sometió al control del Senado y de la Asamblea. Y cuando un particular le acusó de asesinato, se querelló simplemente ante un tribunal común. Ganó la causa porque el adversario no se presentó. Pero la contumacia fue sugerida a ésta por el conocimiento de sostener una tesis impopular. Pues la inmensa mayoría de atenienses, tras haberle hostigado y tenido por sospechoso mucho tiempo, se habían vuelto sinceramente afectos a Pisístrato, que poseía un arma formidable: la simpatía.

Le llamaban tirano, pero la palabra no tenía en aquellos tiempos el amenazador y peyorativo significado que tiene en el nuestro. Venía de tirra, que quiere decir fortaleza, pero también era el nombre de la capital de Lidia, donde el rey Giges había establecido precisamente un clásico régimen dictatorial. El tirano Pisístrato era un hombre cordial que, eso sí, hacía lo que quería, pero después de haber convencido a los demás de que lo que él quería era lo que ellos querían también. Pocos eran los que lograban oponer argumentos a sus argumentos, y eso también porque él sabía exponerlos de la manera más persuasiva. Tenía eso que los franceses llaman charme, conocía el arte de aliñar los discursos sobre las materias más difíciles con anécdotas divertidas, de atraerse a los oponentes sin ofenderles, es más, fingiendo darles la razón, y exponía sus tesis con llaneza, sin engreimiento, haciéndolas comprensibles a todos. Y de estas cualidades se sirvió para llevar a cabo una obra fenomenal.

Su reforma agraria fue tal, que el Ática no tuvo necesidad de otra durante siglos. El latifundio quedó destruido y en su lugar surgió una miríada de cultivadores directos que, sintiéndose propietarios, sentíanse también ciudadanos y, como tales, interesados en el destino de la patria. Su política fue «productivística» y de pleno empleo de la mano de obra, a través de grandes empresas de obras públicas que absorbieron a los desocupados e hicieron de Atenas la verdadera capital de Grecia.

Hasta aquel momento había sido de hecho una ciudad como muchas otras, de segundo plano con respecto a Mileto y Éfeso, mucho más desarrolladas desde el punto de vista comercial, cultural y arquitectónico, tanto, que Homero apenas habla de ella. Pisístrato empezó por el puerto, fundando astilleros que pronto construyeron las más modernas y poderosas naves de la época. Había comprendido que el destino de Atenas, circuida por áridas y pedregosas montañas por la parte de tierra, estaba en el mar. La iniciativa, de conciliarse con la burguesía de la «Costa», formada principalmente por armadores y mercaderes, le procuró el dinero para la reforma urbanística. Fueron sus geólogos los que descubrieron, en los contornos, plata y mármol. Y fue con estos materiales que, en el lugar de las cabañas de adobe, se elevaron los palacios, y en la Acrópolis, el viejo templo de Atenea fue embellecido con el famoso peristilo dórico. Pues Pisístrato, el hombre de hierro, era además culto y de gustos refinados.

Y, en efecto una de las primeras cosas que hizo apenas llegado al poder, fue instituir una comisión para la compilación y ordenamiento de la Ilíada y de la Odisea, que Homero había dejado desparramadas en episodios fragmentarios confiados a la memoria oral del pueblo. Y hasta qué punto la comisión reuniera y modificara también el texto, es difícil saberlo.

En política exterior, Pisístrato no perdió de vista solamente dos cosas; evitar la guerra, y dar a Atenas, sin que las demás ciudades se diesen cuenta, una posición de capital moral sobre Grecia, en espera de convertirla en capital política. Lo consiguió, a pesar de las molestias que causó a mucha gente con su flota omnipresente ,y entrometida y con las «colonias» que fundó un poco en todas partes, en casa ajena, pero especialmente en los Dardanelos. Escultores, arquitectos y poetas acudieron a Atenas también porque reconocían en Pisístrato a un intelectual como ellos. Y los juegos «panhelénicos» que él instituyó en la ciudad se convirtieron en motivo de encuentro no sólo para los atletas, sino también para los hombres políticos de toda Grecia. Pero más lejos no se llegó. Celoso cada uno de la propia «patria chica», representada por una ciudad sola y sus aledaños, eran constitucionalmente refractarios a concebir otra más grande.

Pisístrato vio los inconvenientes, pero tuvo el buen sentido de no forzar con la violencia una unidad antinatural. Como Renán, creía que una nación se funda por el deseo de sus habitantes de vivir juntos; y que cuando este deseo falta, no hay política que pueda sustituirlo. Fue un gran hombre. Su dictadura, presentada como la negación de la Constitución de Solón, le procuró en cambio el medio de llevar a cabo su obra y de resistir a las pruebas posteriores.

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De marionetas y ricos

julio 17, 2012

¿Saben qué me parece realmente lamentable? Que no puedan ver más allá de sus narices. Que crean que Peña Nieto o Salinas controlan todo y son los malos. Verán, los verdaderos poderes los emanamos nosotros. Nosotros damos valor a un Blackberry, a una Macintosh, a un Nokia, a un Camaro, a una hamburguesa McDonalds y a una CocaCola. Si surge una moda, queremos acceder a ella al precio que sea, porque así lo dictan la sociedad y los medios. Se nos olvida que una hamburguesa se compone de pan, carne, lechuga y tomate. Que una Coca Cola se compone de agua, azucar y CO2, además de otras sustancias básicas. Pero pagamos por una imagen, por una idea, por una plusvalía, no por el valor de las cosas. No tenemos en la conciencia que pagamos por el esfuerzo del campesino, el sudor del obrero, la vida de los animales, el agotamiento de los recursos del suelo… pagamos para acceder a un círculo social en vez de un bien necesario.

¿Por qué cito esto? Porque cuando nosotros creamos una demanda, hay quienes ven la oportunidad de hacerse ricos. Pero la riqueza no se detiene, no tiene un tope. Es una carrera. Los capitales son agresivos entre sí. Estos RICOS contratarán a agentes especializados llamados ingenieros, gerentes, licenciados… especializados en hacer crecer el dinero. Estos AGENTES ESPECIALIZADOS contratarán servicios de promoción, de marketing y propaganda… crearán una imagen. Crearán un comercial que diga que el petroleo es rentable, que los diamantes duran por siempre y que las plantas de Coca Cola no contaminan. Contratarán actores de cine y telenovelas para que nos hagan creer que un producto producido en masa es benéfico para el organismo. Que un automóvil de 50 mil dólares es necesario para pertenecer a la élite. Contratarán a tipos como PEÑA NIETO y SALINAS DE GORTARI. Y a tipos como Ronald Reagan, como George Bush, como Vicente Fox, como Silvio Berlusconi. Personajes dispuestos a respaldar a los capitales con tal de que después les dejen acceder a ellos. “Hoy por tí, mañana por mí”.

La lucha no termina en la deposición de Peña Nieto. Termina en el momento en que nos damos cuenta de que la economía debe ser responsable. Cuando nos damos cuenta de que el objetivo del capital no es crecer exponencialmente, sino convertirse en respaldo de aquello que lo genera: la riqueza… la verdadera riqueza. El sudor, la energía, la voluntad, el coraje, el empeño, la perseverancia. Ese es el verdadero motor y el capital debe servir para producir más. El sol calienta el agua, la evapora y forma las nubes. Pero las nubes regresan el agua al suelo, no crecen infinitamente. Cuando entendamos eso, cuando ya no nos traguemos la falacia mil veces pregonada por los instrumentos propagandistas de que “todos podemos ser ricos“, entonces sabremos lo que realmente significa ser ricos. Vivir con lo necesario. Vivir con dignidad. Vivir con humanidad.

Giliath Luin


Eligiendo bandos

julio 6, 2012

Tomamos bandos, porque nos enseñan desde pequeños. Tenemos que escoger un lado. Nos hablan de “bueno-malo” y de “justo-injusto”. Bueno es Bambi y malo el Cazador. Justo es Robin-Hood e injusto el Sheriff de Nothingham. Se nos enseña a empatizar con las víctimas, porque no todos podemos ser victimarios. Ese es un futuro apartado para la juventud de los poderes fácticos en el establishment. Se nos prepara para ser las víctimas que seremos en un futuro. Se nos enseña a ver a los victimarios en otras víctimas acarreadas al matadero. El Malo es aquel que será ejecutado; hacia Él hay que volcar nuestra ira.

No sabemos cómo procesar una novela, una película, una obra teatral en la que no hay buenos ni malos. Forzosamente, nuestra conciencia trata de buscar a El Bueno en la representación, para vitorear, para emocionarnos cuando este haga ver su suerte a El Malo. Si por requerimientos del guión, quien nosotros decidimos sea El Bueno, de repente es suprimido de la escena, nos traumamos, nos ofuscamos; no sabemos cómo tomar el acto. Literalmente, nuestra infancia se desmorona, nuestra educación se cae en pedazos.

Es 6 de julio. Cinco días han pasado desde las elecciones y México se encuentra más dividido que nunca. En buenos y malos. En torpes y listos. En justos e injustos. En verdes y amarillos. En vendidos y zombies. Y solamente hay un ganador en esta competencia eterna: aquél que se beneficia de la separación. Los romanos, hace muchos siglos, sembraron una famosa estrategia entre sus colonias: “divide et impera“. Divide y vencerás. A los mandamaces de nuestra nación no les conviene vernos unidos. Les asusta vernos en cooperación, ayudándonos, apoyándomos, manifestando nuestra colectivización.

Los políticos cambian de bandos constantemente. Están concientes de que ellos son los victimarios. Están concientes de los bandos no existen. ¿Por qué tenemos nosotros que elegir un bando? Sé, primero. Después Permanece. Eres un Sujeto de la historia, no te pierdas en el limbo de la estadística. No seas un número. No seas Bueno ni Malo.

Un mensaje dirigido a todo aquel que sienta odio en su corazón.

Giliath Luin


El nazismo a través de Viktor Klemperer

octubre 17, 2009

Extraído de los diarios de Viktor Klemperer

Nazismo 01Hasta 1933 y durante por lo menos todo un siglo antes, los judíos alemanes eran totalmente alemanes y nada más. Prueba: los miles y miles de mitad judíos y alemanes vivían y trabajaban juntos sin roces en todas las esferas de la vida alemana. El antisemitismo que estaba siempre presente no prueba en modo alguno lo contrario, porque los roces entre judíos y arios no eran ni la mitad de importantes que los que había entre protestantes y católicos, o entre patrones y asalariados, o entre prusianos orientales y bávaros sureños, o renanos y berlineses. Los judíos alemanes formaban parte de la nación alemana, lo mismo que los judíos franceses eran miembros de la nación francesa. Cumplían su función dentro de la vida alemana y no constituían en modo alguno una carga para el conjunto. Su papel raras veces era el del obrero y aún menos el del trabajador agrícola. Eran, y siguen siendo, alemanes, principalmente intelectuales y gente de estudios. Si lo que se pretende ahora es expatriarlos en masa, transplantándolos a profesiones agrícolas, entonces eso inevitablemente fracasará y causará malestar en todas partes. Porque seguirán siendo en todas partes alemanes e intelectuales. No ha más que una solución a la cuestión de los judíos europeos occidentales o alemanes: la derrota de sus inventores.

Lo que se debe abordar independientemente de esto es el asunto de los judíos orientales, que yo no considero tampoco una cuestión específicamente judía, porque durante mucho tiempo los que son demasiado pobres o están demasiado hambrientos para la civilización, o ambas cosas, han estado fluyendo a los países occidentales y formando una subclase en ellos, de la que se acumulan fuerzas vitales en ascenso. Lo que no hace ningún daño a una nación, porque la raza, en el sentido de pureza de sangre, es un concepto zoológico, una idea que hace mucho que dejó de corresponderse con una realidad, es en cierto modo aún menos real que la antigua y estricta diferenciación entre las esferas del hombre y de la mujer. La causa sionista pura o religiosa es cosa de sectarios, que no significa nada para la mayoría, una especie de museo al aire libre, como la antigua “aldea holandesa” junto a Amsterdam.

Nazismo 02A mí me parece una completa locura que se creen ahora estados específicamente judíos en Rhodesia o en otro lugar cualquiera. Eso sería dejar que los nazis nos lanzen miles de años atrás. Los judíos implicados están cometiendo un crimen (hay que admitir, sin embargo, circunstancias atenuantes) si aceptan participar en ese juego. Es al mismo tiempo absurdo y un crimen contra la naturaleza y la civilización el que se pretenda transformar totalmente a los emigrantes europeos occidentales en trabajadores agrícolas. El movimiento de vuelta a la naturaleza ha demostrado ya mil veces que va en contra de la naturaleza, porque el progreso es parte de ella y el retroceso es contrario a ella. La solución a la Cuestión Judía sólo se puede hayar liberándose de los que la descubrieron. Y el mundo se verá obligado a actuar de acuerdo con eso.



La cuna de la democracia

octubre 3, 2009

Democratia

La democracia, en su etimología nos dice que se trata de un sistema de organización social en el cual los ciudadanos de una nación son los que administran el poder (demos, “pueblo” y cratia, “gobierno”). Este modelo de sociedad fue puesto a prueba desde la Edad Antigua por naciones como Atenas, Corinto y Argos, y en la actualidad es practicado por casi todos los países del mundo. Según ciertos ideólogos, la democracia ni siquiera debería ser considerada un modelo, sino el sentimiento inequívoco del hombre por alcanzar la perfección política tanto en la organización social como en la organización gubernamental. La democracia ha representado un éxito para las mayorías comunitarias, si recordamos que antes del siglo XIX y salvo pocas excepciones, la mayoría de las naciones eran gobernadas por minorías selectas que justificaban su dominio con un sentimiento aristocrático o divino, cuya posición les confería derechos excepcionales que emanaban de viejos nacionalismos ancestrales o, como en el caso de los estados teocráticos, directamente de los dioses.

Democracia 06Así pues, en la actual sociedad occidental -y muchas culturas orientales -la democracia es la joya engarzada en la corona del individualismo y el liberalismo. Corro mucho peligro al hablar de esto, pues la democracia es un tesoro mucho más preciado que nuestras madres, nuestro territorio nacional o nuestros propios hijos. Los atenienses, por ejemplo, en la antigüedad decidieron perder sus tierras y sus hogares antes que perder su propia libertad, dejando a Atenas a merced del saqueo de los persas y marchándose a una isla desde donde dirigirían su ataque contra el invasor.

De igual manera los norteamericanos, hoy en día, promueven la democracia como un valor esencial tanto para ellos mismos como para el resto del mundo, llevando desde hace más de un siglo una cruzada particular contra todas las naciones que no sean democráticas y abriéndolas, si es necesario, a punta de bayoneta. La Doctrina Monroe fue durante mucho tiempo el estandarte más grande y emblemático que pudieron tener los demócratas jamás, tanto que si los antiguos demócratas griegos y romanos alzaran la cabeza desde sus tumbas, se enorgullecerían enormemente de lo que sus ideologías producirían en este planeta dos milenios después.

Individualismo y manipulación

Democracia 03En el siglo V a. de C., el mundo vivió una revolución cultural inmensa entre las naciones que antiguamente correspondían a Grecia y Persia. Los estados jonios, vasallos del Imperio Aqueménida, tomaron las armas y se aliaron con los griegos -con quienes compartían lazos étnicos mas nunca antes lazos políticos -para conquistar diferentes emplazamientos clave para el imperio asíatico. Uno de estos emplazamientos era la antigua Bizancio.

Con la captura de Bizancio, los griegos vieron abiertas nuevas rutas de comercio y nuevos enclaves sobre los cuales tender su influencia. Los más beneficiados, primeramente, fueron los atenienses, que por entonces vivían un proceso de cambio social gracias a la escuela fundada por los primeros sofistas, quienes promovían entre las comunidades una nueva forma de pensamiento acerca de la sociedad, la economía y la política. En lo social, estas ideas promovían una participación directa del individuo como ente materialista e individual, equiparando a todos los hombres sin importar su condición de nacimiento y tomando en cuenta únicamente el mérito conseguido en la vida. En lo económico, abogaban por la propiedad privada y el poder adquisitivo como principales influencias en las diferentes industrias. Y en lo político, los sofistas cultivaban la idea de la igualdad de derecho y un sistema de gobierno que permitiera la inclusión de todas las opiniones de los ciudadanos. Era el principio de un primitivo liberalismo.

Este liberalismo recién nacido encontró cobijo en una familia muy influyente de Atenas: los Alcmeónidas, quienes pretendían pertenecer a una rama tribal autóctona de Atenas que podía remontar su árbol genealógico hasta Neleo, el hijo mítico de Poseidón. Los Alcmeónidas fueron expulsados cuando Pisístrato, tirano de Atenas, se hizo con el poder y no retornarían hasta que los tiranos fueran derrocados y expulsados en el 510 a. de C.

A su regreso al Ática, los Alcmeónidas pronto se hicieron con el control de los principales departamentos productivos y políticos. Influyeron enormemente en la cultura promoviendo la causa liberal de Sócrates, que por entonces comenzaba a brillar como un reformador del sofismo materialista tradicional convirtiéndolo en un sofismo individualista, origen de lo que conocemos actualmente como Filosofía Occidental. Este fue el origen del materialismo que en el siglo XVIII culminaría con el derrumbe del idealismo filosófico y la instauración de los estados materialistas y las revoluciones socialistas del XIX. Claro que en ese entonces el materialismo burdo y utópico de Sócrates aún no tenía la forma dogmática que habría de adquirir dos mil años después.

Democracia 01En pleno siglo IV a. de C. la filosofía socrática fue tomada como un conjunto de ideas descabelladas por los despóticos y los oligárquicos, pero el pueblo razo, ciudadanos con el simple derecho de tener tierras, comerciantes con derechos de propiedad y aristócratas caídos en desgracia (todo varón libre), alimentaron con creces la idea de un estado gobernado por las mayorías políticas y no por las élites aristocráticas, que era una de las promociones enarboladas por el individualismo socrático que concluía, como su máxima expresión, en la democracia.

La democracia, primitivamente era considerada como una forma de gobierno en la que el individuo se representaba políticamente a sí mismo y utilizaba su voto para apoyar diferentes causas en su núcleo social, además de tener derecho a ocupar puestos funcionarios en la polis y misiones especiales. Tenía ciertas ventajas, como los ideales utópicos de los sofistas de igualdad de condiciones y libertad -al decir utópicos me refiero a perteneciente a los utopistas -pero uno de los problemas que rápidamente afectaron a este sistema fue la parcialidad, la polarización y la degeneración en la Democracia Representativa. Puede sonar curioso que el principal responsable de la imposición de la democracia en el pueblo ateniense haya sido una de las principales familias aristócratas, pero cobra sentido al pensar en las ventajas que traería a las élites atenienses un sistema en que el pueblo pudiese elegir quién debía llevar a cabo ciertas tareas del gobierno.

Aún cuando el pueblo podía representarse a sí mismo, las aristocracias, ya fueran prodemócratas o antidemócratas, seguían siendo las que tenían un peso político verdadero. En 459 a. de C. surgió Pericles, un político y militar ateniense -tal vez el héroe más grande que tienen los actuales atenienses -que desarrolló una técnica oratoria y una visión adelantada a su tiempo sobre la manipulación de las masas. Los aristocráticos, considerados perseguidores de ideales y partidarios del orden establecido, se convirtieron en enemigos acérrimos de este demócrata, pues pensaban que sus medidas encaminadas al imperialismo ocasionarían un encuentro bélico contra Esparta, la mayor potencia militar de la región.

Democracia 02La causa de tantas inestabilidades fue siempre la exclusividad de beneficios del comercio con las naciones del Helesponto, Jonia y Magna Grecia, asunto que pondría en serios apuros a una potencia centralista como Esparta, que dependía de la conquista y el vasallaje para que su sociedad se dedicara exclusivamente a la guerra. Pericles, como digno representante de los Alcmeónidas, fijó las bases para que Atenas fuera la nación heguemónica de toda Grecia: se apoderó de las enormes riquezas de los oráculos (centros religiosos que recibían grandes cantidades de oro y plata de los estados vecinos) de Delfos y Delos, estableció un sistema mercantil con rutas marítimas, concedió enormes privilegios a los participantes del mercado y para proteger dichas rutas reforzó las defensas de Atenas e incrementó el poderió marítimo. Esto, para Esparta, significaba un claro desafío hacia su influencia en la zona.

Dentro del conflicto armado, la democracia se mostró pronto como una gran ayuda política, ya que los Alcmeónidas vetaron y condenaron al ostracismo a la mayoría de aquellos aristócratas y antidemócratas que representaban algún peligro contra sus intereses tanto en la guerra como en el comercio por medio del voto popular. Surgieron, de entre la poderosa familia, numerosos oradores populistas como Alcibíades y Cleón, capaces de manipular a las masas por medio del discurso, sin importar qué tan descabellada fuera la propuesta formulada en la asamblea (ekklesia). Es muy cierto que Atenas alcanzó un desarrollo sin igual durante la gestión de Pericles, pero el resto de los estados aliados fueron víctima de las ingerencias características de una expansión imperialista. Algunas ciudades, como Córcira y Potidea tuvieron que incrementar sus tributos a la Liga de Delos (liderada por los atenienses), y otras como Epidemnos y Lámpsaco fueron obligadas a derribar sus murallas marítimas y aceptar guarniciones atenienses. Incluso, después de los discursos de Alcibíades, Atenas votó a favor en mayoría para una expedición encaminada a conquistar Sicilia. Así estuvo marcado el nacimiento de la democracia, como el instrumento de manipulación más efectivo de la Edad Antigua, que permitía a los individuos deshacerse de su condición impuesta y ganar un derecho a elegir quién le gobernaría, aún cuando este derecho fuera ejercido por medio de presión populista y técnicas propagandísticas que actualmente adjudicamos a la Psicología de las masas.

Libertad y explotación

Democracia 04Los sistemas democráticos -dicen sus defensores -son inherentes en el hombre y en toda sociedad que ha alcanzado cierta madurez política. Prueba de ello son los casos aislados de democracias que han existido fuera de la influencia grecorromana, como la Confederación Iroquesa (Haudenosaunee) y la República de Tlaxcala (Tlaxcallan), por citar algunos ejemplos. En estos dos casos sucedió que numerosas tribus con algún interés en común buscaron la alianza con el vecino en vez de hacer la guerra, para poder enfrentarse a un mal mayor. Ambas naciones se regían por el principio de que todo ciudadano de derechos podía votar o hacerse votar para ostentar cargos públicos; si bien la realidad era que las castas o familias más poderosas, más arraigadas o más numerosas ejercían una influencia mayor sobre las minoritarias, y se valían de dicha situación para manipular elecciones que dieran resultados favorables en vías de sus intereses. La democracia ha estado, a través de la historia, estrechamente ligada a los conflictos bélicos, ya sea para evitarlos o para enfrentarlos.

Los prodemócratas a menudo argumentan que desde que comenzaron a existir las sociedades tribales comenzó a haber democracia, mencionando la Regla de la mayoría como una manifestación de ello. No estoy de acuerdo con tal afirmación. Si bien sí se aplicaba un sistema de gestión social basado en las votaciones dentro de las primeras pequeñas ciudades asiáticas y africanas, dichas congregaciones una vez que crecían tendían a monarquizarse -adoptar una monarquía -. Véase a Herodoto, por ejemplo, que al hablarnos de los babilonios nos cuenta cómo las diferentes naciones medas, al ver que los problemas comunitarios se salían de control, decidieron elegir como árbitro a Deioces de Media. Y junto con este ejemplo tenemos a toda una constelación de naciones que, después de haber experimentado sistemas sociales similares a una democracia, se convirtieron en oligárquicos (Imperio Cartaginés, República Romana, República de Venecia), monárquicos (Sarracenos, Franceses, Suiza) y despóticos (Siracusa, Chipre).

Democracia 07El problema más desfavorable que padece la democracia es que en su forma radical (democracia directa) se forman baches sociales que son difíciles de subsanar por medio de acciones civiles, pues los aparatos legales para gestionar las elecciones, referendum y plebiscitos deben ser monstruosos para llevar a cabo una labor productiva, y los métodos suelen ser largos y costosos para la sociedad. En cambio, cuando se trata de corregir este problema mediante la representación (democracia representativa), se forman claros bandos de interés que compiten por la preeminencia en el poder para obtener privilegios y ganancias, y esto se logra mediante la polarización y la alienación de la sociedad: alimentando la ignorancia general, disminuyendo la calidad de vida, poniendo a sectores de la sociedad contra otros sectores de la misma, etc.

Aunque suene parcial, Estados Unidos es uno de los poquísimos países -y el mejor ejemplo -en que la Democracia Representativa ha dado frutos verdaderos; una nación en que los intereses de ambos partidos en un sistema bipartidista son exactamente los mismos -aunque se han diferenciado bastante en los últimos años -. Sin embargo los Estados Unidos son el resultado directo de una cultura comercial brutal que se ha desarrollado sin freno durante 200 años. Esto no ha producido polarización interna dentro de sus comunidades -en parte por el gran desarrollo de su Estado del Bienestar -, pero sí la ha producido en gran parte de las comunidades de sus socios comerciales. En México, por ejemplo, durante más de 50 años se tuvo un sistema democrático -algunos dirán que solo fue un supuesto, pero trato de ser imparcial -unipartidista, y sin embargo la política de Estados Unidos para con el socialismo sumió al país en una crisis ideológica que desataría muchos enfrentamientos con obreros, estudiantes y campesinos. En otras palabras, los intereses externos de la nación vecina provocaba polarización en la nuestra.

Así mismo, en todo el transcurso de la historia se tienen ejemplos más que suficientes de cómo, naciones imperialistas con procesos democráticos, forzaban a otros países monárquicos, oligárquicos, despóticos o con sistemas democráticos que no comulgaran con sus intereses, a renunciar a sus estructuras sociales para abrazar la práctica democrática y, por medio de la polarización (el famoso divide y vencerás de Julio César) crear facciones que velen por ellos. Mucho se ha hablado sobre la democracia, argumentando que es un derecho inalienable, un valor humano, una garantía ciudadana y una necesidad del individuo. Pero lo único seguro es que, durante toda la historia, la democracia solo ha demostrado ser un objeto bastante útil para algunos sectores sociales ya fueran locales o globales, a veces dando resultados muy buenos, pero en ocasiones resultados nefastos.

Democracia 08

Fuentes

Herodoto, Los Nueve Libros de la Historia; Tomos I – IV.

Tucídices, Historia de las Guerras del Peloponeso; Discurso fúnebre.

Norberto Bobbio, Liberalismo y Democracia.

Giovanni Sartori, ¿Qué es la democracia?.


Historia de una extinción.

julio 26, 2009

Nuestra generación, la de las personas nacidas entre los 50’s y los 80’s, ha sido testigo de cómo la sociedad ha desarrollado una conciencia orientada hacia la ecología y el medio ambiente. Representamos a la generación ambiental, concretamente en Occidente, donde se ha manifestado entre las diferentes culturas una empatía con lo indígena, lo antiguo, el reciclaje y el aprovechamiento de los escasos recursos. Hemos renegado del consumismo voraz –por lo menos de palabra– para pasar a defender a la Madre Tierra. Proliferan los cultos y las religiones de antaño, en que el sentimiento hippie nos invitaba a ser uno mismo con los entes naturales. Se ponen de moda el céltico, el new age y los cánticos africanos, noruegos y maoríes. Se promueve la creación de parques ecológicos, como la Fortaleza Maorí en Nueva Zelanda o la Riviera Maya en la Península de Yucatán. Se desarrollan nuevos estándares y modelos económicos que impulsan a las empresas a alcanzar una armonía ambiental que le consiga el título de empresa eco-responsable y que le permita entrar a una nueva generación de industrias.

Y junto con esta nueva conciencia, miles de testimonios, historias y leyendas son rescatadas del olvido para enseñar a nuestros hijos y a nosotros mismos las atrocidades cometidas antaño que nos impidan volver sobre nuestros pasos. Nos han contado las historias de la paloma viajera y de la cabra bucardo, de cómo fueron extinguidas por la mano del hombre, ambas de forma sistemática y con el objetivo de saciar la demanda de un mercado de consumo.

Una de estas historias, poco conocida por la mayoría, es la del alca gigante, alca imperial o simplemente pingüino. Los habitantes del Mar del Norte le conocían como geirfugl, que significa ave lanza y los habitantes de las Galias penwyn, que significa cabeza blanca en gaélico. Un ave charadriiforme de la familia alcidae que fue una de las especies más abundantes de los fríos mares del Ártico, y se encontraba distribuida a lo largo del Atlántico, desde las costas de Florida hasta Groenlandia, en Escandinavia, Islandia, las Islas Británicas y hasta en lugares como Marruecos y las Islas Azores.

Se le conocía desde la época clásica del Imperio Romano. Los habitantes de Europa y de América del Norte las cazaron con perseverancia, hasta agotar seriamente su población. Aprovechaban de ellas su carne, sus huevos, su gruesa piel y plumaje y sus picos, que eran gruesos y rígidos y los utilizaban como utensilios de cocina o decorativos. Desde la prehistoria, estos animales fueron constantemente acosados y su incapacidad para volar los convirtió en presas fáciles del depredador humano.

A finales del siglo XVI, esta ave estuvo casi extinta en la Europa continental y en América del Norte, solo se le podía encontrar en abundancia al norte de Nueva York. Esto debido al excesivo consumo de los indígenas y marinos que encontraban deliciosa tanto la carne como los huevos, aun cuando varios naturalistas que llegaron a probarla describían su sabor como “un atroz y desagradable bocado“. Llegó a ser un espécimen tan raro que, cuando se capturó uno en Kiel, provocó furor, pues no se había visto ninguno en el Mar Báltico en décadas.

Curiosamente, la misma voracidad del hombre por obtener ganancias, salvaba la vida a los últimos individuos que quedaban de esta especie en Islandia, en la isla de Geirfuglasker –en islandés Isla de los Pingüinos, Isla de los Geirfugl o Peñón del Gran Alca –. La iglesia de Utskala se había adueñado del paso a las rocas costeras que eran el hábitat de las alcas gigantes, y eran vías peligrosas para cualquier embarcación, además de que esta iglesia cobraba una buena cuota por utilizar este paso. De esa manera, una ruta de alto riesgo y un negocio de poca rentabilidad se convirtieron en los mejores aliados del alca gigante hasta 1813.

Fue esta fecha la que marcó el principio del desenlace en la tragedia de una de las aves más prolíferas del mundo. En Europa y África se desarrollaba la guerra que libraban el Imperio Francés y sus aliados, contra la coalición liderada por el Reino Unido. Dos barcos bajo el mando del capitán Peter Hansen arribaron a las costas de Geirfuglasker, sin respetar los privilegios de la iglesia y se dedicaron a cazar alcas durante tres días, en plena temporada de anidación, llevándose una “cosecha” de varios cientos de ejemplares que serían dedicados al abastecimiento de tropas. Desde esta fecha, el alca se volvió un animal sumamente raro, aunado al terremoto de 1830 que sumergió la isla y provocó que los últimos supervivientes buscaran nuevos hogares.

Tal fue el caso de un alca que llegó pocos meses después a la costa irlandesa, que fue cazado, disecado y vendido en Inglaterra. Otros supervivientes del hundimiento alcanzaron a llegar hasta las costas de Groenlandia, Noruega y otras islas de Islandia, donde no se les conocía o no se les había visto en muchos años. El final para todos estos valientes fue el mismo: fueron cazados para consumo o para adornar salas de caza, de trofeos o comedores. Pero unas pocas parejas aún se aferraban a desaparecer e hicieron su hogar en la cercana isla de Eldey, una pequeña isla vecina a Geirfuglasker. Allí, las alcas gigantes comenzaron a aparearse y a restablecer de nuevo su viejo hábitat.

En 1838, el ballenero Forkäns amarraba en Kierkjevogr, con noticias de que quedaba una colonia de alrededor de unos ciento cincuenta individuos de alca, lo que despertó el interés de muchos coleccionistas en toda Europa. Ogtar Jováns, un cazador aficionado de Reykjavik pagó quince coronas a los marinos del Forkäns por una piel de alca gigante para su colección de animales raros. Rápidamente, la competencia comenzó a notarse: en Francia, Inglaterra, Alemania, Noruega, Islandia y hasta en Estados Unidos, cientos de aficionados ofrecían sumas cada vez más altas por la piel, huevos o ejemplares disecados.

En tan solo dos años, a finales de 1840, la diezmada población de alca gigante, heredera de los supervivientes de las matanzas de 1808 y 1813, y del terremoto y posterior hundimiento de Geirfuglasker, había sido completamente aniquilada en varias expediciones. En una sola expedición nocturna, Vilhjalmur Hakonársson, capitán del Forkäns, había capturado quince ejemplares, entre machos, hembras y crías, y varias docenas de huevos en período de incubación, mismos que vendió en varios países a coleccionistas que pagaban una buena suma por cualquiera de estos objetos. Cuando llegó a casa de Carl Siemsen, un adinerado excéntrico de Reykjavik, le notificó que ya no había más alcas gigantes en la zona de Eldey.

Hakonársson hizo su agosto y se retiró a vivir a su casa en Oslo, celebrando su nueva fortuna con la compra de una flota de dos barcos balleneros y la instalación de un sistema de postas. Salía a pescar por breves temporadas a las frías aguas del Báltico, dejando en paz a Eldey, ese frío e inaccesible montón de rocas a cierta distancia de Islandia. Varios de sus antiguos clientes, entre ellos el mismo Siemsen, comenzaron a conjeturar sobre la existencia de algunos ejemplares que no fueron capturados por los pescadores en Eldey o tal vez crías que se las arreglaron para llegar a una edad que les permitiera sobrevivir.

Pero el recuerdo de Eldey se avivó a mediados de 1844. Ciertas personas de un conservatorio de Dinamarca ofrecían la exorbitante suma de cien coronas por una piel de este animal, si fuese posible que alguien pudiera conseguirla. Siemsen actuó como agente intermediario y convenció a su amigo Hakonársson para que emprendiera una nueva expedición a Eldey por si pudiese encontrar algún ejemplar que haya pasado desapercibido. El viejo marinero, con una buena riqueza y muy poco que perder, se embarcó de nuevo con una tripulación de doce, el 4 de junio de 1844.

Durante dos días completos vadearon las costas de Eldey sin resultados, atormentados por el oleaje y el frío. Con los nervios entumecidos, los músculos rígidos, temblorosos y cansados, los marineros contemplaron frente a las rocas del punto más alejado de Eldey a dos leyendas con el valor de dos fortunas: con un nido y empollando un huevo, entre las gaviotas y otras alcas pequeñas, sobresalían dos aves de gran cuerpo, aproximadamente de un metro, con su piel oscura y dos grandes manchas blancas en la cabeza. Los últimos ejemplares de geirfugl, el alca imperial, se negaban a perecer y a ser archivados en las colecciones taxonómicas y los libros de biología. Eran dos individuos de buena edad, grandes y robustos, que criaban un huevo y que, en pocos minutos se convertirían en la ciudadela de la cruel guerra por la supervivencia que el humano obligó al geirfugl a emprender.

Los nombres de los tres marinos que bajaron armados con garrotes por las dos últimas criaturas de esta especie quedaron registrados: Sigurdr Islefsson, Ketil Kentilsson y Jon Brandsson. La hembra escaló unas cuantas rocas antes de quedar arrinconada contra un muro, donde fue muerta. El macho resistió unos minutos contra Bransson, pero un ave de un metro que se mueve torpemente no tiene muchas posibilidades contra un bravo marinero armado con una vara. Fue presa fácil. El huevo estaba agrietado, no se supo si por la pelea o si ya estaba así antes de la llegada de los marinos; lo único que se supo fue que Kentilsson lo arrojó al mar. En cuestión de segundos el alca gigante se había convertido en un animal extinto, pasando a ser tan solo un recuerdo. Hakonársson dio un sorbo a su infusión en señal de victoria y dio la orden de zarpar a Reykjavik para llevar los ejemplares a Siemsen. Cuando estuvo frente a éste, le entregó a los animales muertos y la dirección a donde tenía que enviar el dinero. Siemsen manifestó su pesar a Hakonársson por haber capturado únicamente a dos especímenes, y el pescador también manifestó su pesar, pero por no haber recibido dicha oferta hacía unos diez años.

Varios años después, el científico noruego H. Stuwitz realizó una expedición a la isla de Eldey, para estudiar el viejo hábitat del geirfugl, movido por la historia, tal vez escuchada en los puertos islandeses, sobre esta majestuosa leyenda. Pero en Eldey no encontró gran cosa, por lo que decidió visitar otras islas cercanas con la esperanza de encontrar restos de alcas del hundimiento de 1830. Estaba vadeando lo que él creía la isla de Fogo cuando, al bordear un cabo contempló montones de restos de excrementos, plumas y esqueletos fosilizados de aves que se iban acumulando desde épocas inmemoriales. Pero lo que más le maravilló fue una formación rocosa artificial que se encontraba unos cientos de metros más adelante. Se trataba de los corrales de piedra con que los antiguos pescadores islandeses los aprisionaban para regresar por ellos posteriormente y que utilizaban como rastros. Entonces se dio cuenta de que en realidad estaba en la isla de Geirfuglasker, que había emergido tal vez no hacía mucho tiempo. Allí, Stuwitz recolectó información más que suficiente para conocer sobre las costumbres y características del alca gigante y las salvajes matanzas que el humano dirigió contra ellos. Después de varios días de investigación, Stuwitz, sentado sobre uno de estos corrales, observando con detenimiento una docena de momias de alcas despellejadas, en el ancestral hogar de estas grandes aves, y tal vez impulsado por la mano justiciera de la historia, tomó hoja y pluma y escribió: “en un amanecer de 1844, quizá entre el 2 y el 5 de junio, por mano de Islefsson y Brandsson, murieron las dos últimas alcas gigantes del mundo, unos animales maravillosos que el hombre siempre consideró raros”.


El fin de la infancia o la caída de los falsos ídolos.

diciembre 16, 2008

Yo se que suena un tanto apocalíptico el título, pero es más que apropiado para definir la situación actual en que, después de enriquecerse a niveles estratosféricos, varios de los capitales más grandes del mundo han ido colapsando. Dice una frase muy famosa, plasmada en la obra de Tolkien: No todo lo que brilla es oro. Muy descriptiva la frase, y aplicable al pilar del capitalismo neoliberal: el dinero.

Y he puesto por título una ambigüedad, El fin de la infancia o la caída de los falsos ídolos, aludiendo al duro “despertar” -entrecomillado porque no es el primero -que ha sufrido el modelo occidental y con el que ha afectado al resto del mundo sin importar el color de piel, estrato social o religión. Se cierne sobre nosotros una de las crisis económicas más bárbaras de la historia moderna, en que empresas gigantes como Sony o Pepsi han tenido que recortar a casi la mitad de su personal a nivel mundial por la desaceleración económica tan impresionante que acarreó la crisis financiera norteamericana.

Cuando fuimos pequeños, tuvimos juguetes, pero entre todos ellos siempre teníamos uno favorito, al que le dedicábamos horas interminables de juego y peleas duras con nuestros padres por seguir jugando. Este móvil, el juguete favorito, representó una de las etapas más decisivas de nuestra vida: la infancia. Cuando entramos en ella nos dimos cuenta de que la imaginación podía moldearse y que podíamos dar vida a objetos inanimados que yacían en nuestros jugueteros. Pero al término de esta etapa, abandonamos nuestros viejos hábitos de una vida color de rosa para entrar en otra en la que pesa considerablemente la concepción de la realidad -la que nuestra sociedad nos muestra -, y aún así, nos seguimos aferrando salvajemente a seguir jugando con nuestro juguete favorito. Incluso, nosotros nos granjeamos relaciones con otras personas de nuestra edad, adolescentes, manifestamos sentimientos, aprendemos a jugar fútbol y básquetbol, nos conseguimos una novia o un novio, salimos a fiestas los fines de semana, pero de cualquier manera el cariño que sentimos por nuestro juguete favorito nos sigue atando sólidamente a la etapa final de nuestra infancia.

Otro suceso que marca de manera considerable el fin de nuestra infancia es, también, la caída de nuestros ídolos; es cuando entramos a la adolescencia, cuando nos enteramos de que papá y mamá no son santos, de que el tío le pega a la tía, de que el maestro es alcohólico, y una serie de noticias difíciles de creer para nosotros. Son, esta serie de conocimientos, los que han de marcar el desarrollo de nuestra personalidad por medio de mensajes de retroalimentación denominados aprendizaje, y que moldearán nuestra madurez social y personal para convertirnos en personas de bien o de mal, según el contexto que se nos aplique. Esto no es un suceso aislado y con pauta, sino más bien un proceso lento y de continuas revelaciones, que a algunos nos puede tomar años pasarlo.

Pues bien, cuando nuestros ídolos se van abajo, nuestra visión del mundo se trastorna y nuestra mente comienza, instintivamente, a buscar algo más en que creer. Esta es una fase crítica ya que, si no nos hemos educado correctamente, adoptaremos concepciones basadas en creencias, fantasías materializadas o modelos conceptuales sin base alguna desarrollados por otras personas. Existen, en este sentido, personas que nunca pasan a la adolescencia, en un sentido figurado de la palabra, sino que entran nuevamente a una segunda infancia, sin haber pasado por un proceso de aprendizaje verdadero; se aferran a seguir jugando con su juguete favorito.

Creo que todos saben a qué me refiero. El dinero es un juguete que nos ciega completamente y que nos mantiene atados al estado de confort; esa condición social que opera bajo el principio de «para que yo pueda vivir bien, alguien más debe vivir mal». Es muy útil, eso es más que cierto, puesto que es una derivación obligatoria del progreso en una sociedad compleja y funcional. El hombre no puede vivir del trueque y, si de alguna manera puede hacerlo, no sería como una sociedad que se precie de llamarse «avanzada». Pero también hay que recordar que el dinero es una simple cifra que obtiene un ente regulador de la vida financiera en base a datos poco concretos y muy efímeros. En su propia naturaleza, llama a la especulación y, la especulación a todos los conceptos subjetivos del libremercadeo, a empobrecer a los que menos tienen y enriquecer a los que más, a engrosar los capitales concentrados, a cobrar por ocho letras o a pagar por un derecho.

También existen personas que creyeron haberlo conocido tanto como para decir al resto del mundo en qué invertirlo. Por ejemplo, Alan Greenspan, que durante más de veinte años fue el semidiós omniconsiente de Wall Street. Greenspan le dijo a miles de grandes inversionistas, a cientos de gobiernos y a numerosos líderes y representantes mundiales qué era lo que tenían que hacer con su dinero, y no fue directamente el responsable de la creación de una burbuja financiera brutal, pero sí fue la única persona que pudo haberla descubierto a los ojos del mundo y, sin embargo, defendió a los especuladores, todos ellos «hombres de buen corazón» a sus ojos, cuando varios auditores y consultores externos avisaron de la bomba de tiempo que acumulaba energía en Wall Street. Después de veinte años de jugar a ser dios con las finanzas, la burbuja inmobiliaria estalló y hace algunos meses, Greenspan se declaró incompetente e ingenuo. Puso toda su confianza en los lobbies inversionistas y, cuando la crisis se avecinaba, las ratas abandonaron la nave; aún cuando otros sectores privados se ofrecieron para ir en rescate de grandes organismos como Fannie Mae y Freddie Mac, los lobbies de Wall Street optaron por hermetizarse y evitar exponer las cuentas problemáticas de sus clientes, lo que acabó con el colapso sistemático de todo el mercado financiero estadounidense.

Hace un par de semanas también surgió otro caso similar; el de Bernard Madoff, magnate, asesor de inversiones y líder de una de las firmas con más prestigio en el mundo, la Bernard Madoff Investment Securities. Igual de escandaloso que el de Greenspan fue éste, muchas veces comparado con el desastre de Enron pero, en mi opinión, con repercusiones mucho peores, pues los principales vehículos comercializados por la compañía se daban a través de un medio que durante mucho tiempo se creía completamente seguro -al igual que los derivados de Greenspan -: los hedge funds o fondos de inversión libre. Estas pequeñas herramientas, promocionadas y vendidas alrededor del mundo por medio de dos filiales de Madoff, consiguieron una importante explosión de inversiones que venían obteniendo ganancias por encima de la media a los socios primarios, todo esto mediante la idea de un viejo conocido en el mundo de las finanzas, llamado Charles Ponzi. El esquema de inversiones fraudulento de Ponzi sirvió a Madoff para ofrecer rendimientos demasiado jugosos para los inversionistas de Manhattan quienes, seducidos por las enormes ganancias, adquirieron los artículos financieros dañinos. Con el tiempo ellos fueron recuperando sus inversiones y ganando intereses, pero a consta de los siguientes inversionistas que eran atraídos a la pirámide. Esto llevó a un ciclo en que los del vértice superior obtenían ganancias mientras los de la base componían el fondo de privilegios otorgables. La situación desencadenaría, tarde o temprano, el colapso total de la pirámide, al hacerse notorio que nadie puede ganar un dinero que no existe. Un dólar retribuye únicamente un dólar, pero en este esquema un solo dólar otorgaba ganancias de cuarenta centavos adicionales.

El fin de la infancia o La caída de los falsos ídolos no se refiere a habernos dado cuenta de que Greenspan fue ingenuo y Mardoff un estafador. Sería en vano ponernos a cuestionar si la confianza en una persona o en un núcleo privado algún día funcionará. Todo vela en función de intereses, marcha según algunos y retrocede según otros. No. La cuestión siempre será hasta dónde podemos confiar en un modelo que creemos intachable. La mayoría de las personas vivimos en un estado de confort, sin preocuparnos sobre la fuente de donde nace el dinero que gastamos en nuestras temporadas navideñas o en vacaciones por el Caribe. Con El fin de la infancia me refiero al abrir de ojos que nos ha proporcionado la falla de los principales íconos del neoliberalismo, herramientas que, según Greenspan, eran completamente seguras y auto gestionables. El Oráculo, como era apodado en el mundo de las finanzas, ha culpado a la avaricia innata en el ser humano. Él no ha aprendido de sus errores; ha entrado en una segunda infancia pues, la cuestión principal no es culpar a seres que son fácilmente manipulables, sino en aprender de los errores que hayamos cometido para asimilar el mensaje de retroalimentación que estos nos ofrecen para implementar nuevos medios de existencia. Con La caída de los falsos ídolos me refiero al libremercadeo capitalista, una imagen intachable e incuestionable que orquestaba -y aún lo hace -nuestras vidas hasta hace poco, y que se ha visto demasiado vulnerable en sus cimientos: las herramientas más efectivas para generar riqueza han terminado ocasionando lo contrario.

Ahora dependerá de nosotros crearnos estrategias más sólidas, concretas y objetivas para encontrar medidas alternativas al capitalismo liberal y, el principal mensaje de retroalimentación que nos deja la falla del mismo es que no puede existir más riqueza de la que realmente existe en la sociedad. Vivir sometidos al concepto de la deuda nos hace más vulnerables a este tipo de fenómenos. Uno nunca puede gastar lo que no tiene; es completamente antinatural y no muy inteligente. La fuerza productiva sostiene a un sistema enorme, similar a Atlas cargando a la Tierra sobre sus hombros, y esto, en economía, se conoce como una estructura piramidal inversa; una estructura que tarde o temprano, lenta o rápidamente, pero muy seguramente, termina colapsando.