La Ronda #9: Música, maestro


La ronda no. 9
¿Acostumbras a acompañar la cerveza con música? Si así es, ¿con algún estilo musical concreto? Si la respuesta fuese negativa, ¿con qué actividades compaginas entonces el disfrute de una cerveza?

Los muchachos bebedores de Hipos Urinatum y unos cuantos colegas llevan a cabo esta magnífica aportación a la comunidad blogger, conviviendo mediante la redacción de artículos en el fomento de la cultura cervecera. Esta dinámica, denominada en esta comunidad como La Ronda, está en su novena edición, y Embracing, Sir Asf y Dientes de bala han propuesto, como tema para la charla, el material sonoro con que cada quién acompaña una buena noche de cañas, tarros, chelas, cheves, birrias, botes o cuartitos, dependiendo de la zona horaria en que se encuentre.

En lo personal, yo solo bebo cerveza en cuatro situaciones: cuando estoy dibujando o escribiendo, cuando estoy leyendo en mi casa, cuando estoy echando mecánica o reparando algo en mi casa, y cuando estoy en una buena charla con unos amigos. Y así como tengo una cerveza diferente para disfrutar en cada situación, también tengo un género predilecto en cuanto a música.

En el primer caso, de estar diseñando o escribiendo cualquier cosa, me gusta sentarme en mi escritorio con una Negra Modelo, un buen vaso reposado por una media hora en un congelador y rock psicodélico o progresivo, tal vez metal progresivo, y grunge también, ¿por qué no? Si estoy escribiendo pongo el vaso a la mitad a un lado de mi escritorio y guardo el resto de la botella en el congelador con la corcholata, para servirla unos quince minutos después. Con esta combinación me mueve demasiado Pink Floyd, en especial su Animals o el Wish you were here, The Beach boys, The Who y, últimamente, he encontrado algo más de motivación con Porcupine tree. A la hora de dibujar me gusta algo menos melodioso, como el The dark side of the moon, de Pink Floyd, y el Fear of a blank planet o el Lightbulb sun, de Porcupine tree. Me produce especial motivación el grunge, en especial el de Alice in chains y Soundgarden, el metal progresivo de Tool, el stoner de Queens of stone age y el experimental de los Mars volta. En estas condiciones en que entro completamente en trance, prefiero meter la botella cerrada al congelador y sacarla para beberla directa casi a punto de cuajar, pareciéndome excelsamente deliciosa.

En otra situación un poco diferente, como a la hora de estar leyendo un buen libro, me gusta acompañar estos gloriosos momentos con música de new age o soundtracks, en especial los de Hans Zimmer, música folk, resaltando a Slainte Mhath, folk metal o power metal, con la participación indiscutible de Blind Guardian, y la mejor compañía es una buena Guiness Extra Stout, que las compro en el centro de la ciudad a precio de un ojo de la cara, pero que bien vale la pena. Si el libro es algún análisis o tratado completo me gusta relajarme con música ambiental, y si es una novela épica histórica o un clásico de la literatura, me salta la necesidad de ambientarla con buenos coros y música potente. Sí, también confieso que Rhapsody me inspira y no me da vergüenza decirlo. Si no tengo Guiness en mi refrigerador, me conformo con un trago de Chivas Reagal en las rocas -que el dieciocho sabe divino, pero no le hago el feo a ninguno de sus añejos -o un vino californiano, preferentemente de L.A.Cetto.

A la hora de estar realizando tareas hogareñas, descomponiendo el coche o derrumbando la casa a pedazos, lo más apropiado, naturalmente, son los violentos riffs de Metallica y Megadeth, que también va acorde con la suciedad acumulada en la ropa y hace que aflore la adrenalina. Iron Maiden, Judas Priest y Manowar también son muy buenas opciones. Ante esta manifestación de hombría desbordada, me voy al super y me compro un doce de Tecate Roja en lata, y la bebo como la bebemos los hombres: a grandes tragos y de un jalón. A falta de esta extraordinaria bebida refrescante -cosa imposible en Sinaloa -optaría por refrescarme con una buena Pacífico Ballena, bebida hidratante recomendadísima por todos los trabajadores de una tierra con un clima de entre 25 y 50°C todo el año.

Pero pasemos al momento de compartir, el motivo de existencia de la cerveza -¡A huevo! -. En esta situación, depende de dos variables: si se está compartiendo con los amigos en una noche de bar, para lo cual, lo más perfecto es música trova viva, rock campirano, country o ya directamente un blues urbano o un ska pachuquero, para lo cual los de La Maldita Vecindad son dios. En country he encontrado camino con The Charlie Daniels Band, pero en trova, no hay como la cubana de Silvio Rodríguez o Virulo. Si es noche de plática, una ronda de Bohemia Obscura anima el asunto de maravilla, y si la noche es de baile con la tambora, unas cubetas de Indias quitan la sed en un santiamén. Pero si la noche es fría, para entrar en calor pasamos directamente al tequila de Don Julio, que eso es un manjar sin igual y no hay personas más diestras para beber ese veneno que mi círculo de amistades y parientes, todos ellos unos briagos de cuidado.

Ahora, que si la reunión con los amigos se trata de una buena comida, yo prefiero una música más tranquila, bohemia y un poco elaborada, muchas guitarras, muchas maderas y cuerdas, para lo cual tengo unos discos de Rodrigo y Gabriela que se pintan perfectos. Si nos ponemos más anticuados tenemos a Armando Manzanero, Chamín Correa y Compay Segundo. Un poco más mexicanos y nos saltamos al lado de Vicente o José Alfredo para una estupenda tardenoche a la charra, con lo cual tenemos que devorar carne asada y frijoles charros acompañados de una hielera repleta de cerveza Victoria o Dos Equis Ambar. Por otro lado, si la tardeada es a la costeña, con unos buenos pescados sarandeados o a las brasas y unos mariscos, me gusta la música de la tambora sinaloense, la Banda del Recodo o la MM, cuya combinación exige cervezas más refrescantes, rubias gaseosas y endiabladamente heladas, como una Modelo Especial, una Dos Equis Lager o una Tecate Roja, con su respectiva rajita de limón con sal.

Y creo que me he pasado tres pueblos, pero qué le hacemos, si la idea de estos colegas en la dura profesión etílica que a muchos nos cuesta trabajo me ha emocionado bastante. Espero no aburrirlos con mi aportación y poder participar en otra de sus rondas, que se les ve compañeros de buenas borracheras. He aquí mi manera de pasarla bien en sincronización con música y cerveza, y esperemos vernos en la siguiente ronda. ¡Salud! O como decimos los mexicanos: ¡Hasta el fondo, compadre!

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5 Responses to La Ronda #9: Música, maestro

  1. Edgar dice:

    Pues bien mi ponderado jornalero, catador de vinos y licores que van desde Viva Villa hasta Peter Domecq, pues bien acertando con sus características ya tan detalladas de las diferentes bebidas, lo único refutable ante su tan inmaculada aseveración sería la de la importancia de llamarse Ernest.

  2. Natxo dice:

    jajaja Es Ud. un puto sibarita. Lo que me ha dejado ya muerto es el ritual con la Guinness. Los que somos estudiantes y no tenemos chavos compramos bebida barata y punto. Vino rioja Comportillo de 1’75 (en botella, claro) que se deja beber para las ocasiones de cena o comida. Cerveza sobre todo Mahou o marcas blancas españolas (supuestamente importadas) y de vez en cuando hay Franziskaner o Coronita (para mi, agua, meado). Cuando hay obra, entre el polvo y manos sucias se rulan las litronas bien frías acompañadas de olivas o patatas fritas, reconstituyentes. Aguila o Mahou, la que haya en el supermercado más cercano.
    Supongo que cuando tenga pasta podré hacer un comentario más cercano al tuyo XDD

  3. roxana dice:

    Amigo como siempre es un gusto compartir con usted un muy humilde comentario, no sabia yo k usted tenia el don de la escritura vaya pero k talentos jajja.
    estoy de acuerdo con su opinion la musica se convina con la bebida, y hasta me atreveria a decir ¿k no necesita musica?, la musica nos alegre el alma y la bebida de ves en cuando es necesaria y mas en tan grata compañia un saludo y lo mejor para usted y su familia y salud por la vida!!

    ;)atte:lic roxana.

    • giliathluin dice:

      Roxana:

      ¿Alegra o entristece? Yo diría que no hay importancia del efecto que provoque siempre que se satisfaga el deseo del espíritu de sublimarse y salir de nuestro cuerpo, aunque sea por unos minutos, y ver el tiempo y la existencia desde otro ángulo. Creo que la música, la comida, la bebida y la lectura son los cuatro elementos de la sabiduría y el aprendizaje.

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